Villacarrillo, de profundas raíces agrícolas, es hoy en día zona olivarera por excelencia. La transformación de los campos de labranza de secano en olivares ha sido la tendencia de los últimos 20 o 30 años. A partir de la década de los 70 hay una proliferación en el cultivo del olivo. Los olivares comienzan a ganar terreno a cultivos tradicionales, como el trigo o la cebada y, poco a poco, se convierte el paisaje en un mar de olivos, imagen repetida formando hileras interminables. De este modo, un tercio del término municipal, es decir unas 14.000 hectáreas, se dedican a esta producción.

LA CULTURA DEL OLIVO

La calidad de nuestros aceites se consigue no sólo gracias a las condiciones idóneas para su cultivo, sino al esmerado trabajo que olivareros y almazareros realizan.

La cocina tradicional y moderna se nutre fundamentalmente de este oro líquido, fuente de salud. Ensaladas, guisos, postres, etc, cuentan siempre con el pilar fundamental del aceite de oliva. La tan nombrada dieta mediterránea se hace universalmente conocida gracias al impulso mundial del aceite de oliva, aceite de Jaén, aceite de Villacarrillo que puede adquirirse en cualquiera de las almazaras de la localidad.

LA RIQUEZA DE LA HUERTA

La huerta se extiende por todo el término municipal, aunque más extensa y amplia en las aldeas de Mogón, Arroturas, Agrupación de Mogón y La Caleruela, ya casi desaparecida por el cultivo del olivar en la zona norte que linda con El Condado.

Las extensas vegas de los ríos Aguascebas y Guadalquivir, a su paso por Mogón y sus aldeas, han sido cultivadas desde tiempos inmemoriales por los romanos, árabes, etc. explotando e instalándose en estas tierras entre La Loma y la Sierra no sólo por su situación estratégica sino también por la fertilidad de sus tierras, la abundancia de agua y su riqueza en la calidad de la producción de árboles frutales, verduras y hortalizas.

Algunos de los árboles frutales más conocidos en nuestro término son: la higuera negra, la higuera blanca, los granados, los caquis, las manzanas, los membrillos, los melocotones, las ciruelas, los nísperos, las nueces, las peras, las uvas de parra, etc. En cuanto a las verduras y hortalizas, se siembran en las vegas de los ríos los pimientos, las patatas, las zanahorias, los espárragos blancos, los ajos, el maíz, los habicholones, las habichuelas, las lechugas, las alcachofas, las espinacas, las acelgas, las habas, las berenjenas, etc.

COCINA SANA Y SABROSA

En las últimas décadas, la cocina tradicional villacarrillense se ha convertido en uno de nuestros principales atractivos. Nuestro rico aceite de oliva es un ingrediente básico en todos los platos y recetas. Nuestra cocina tiene influencias de regiones tan cercanas como Murcia y Castilla-La Mancha. Entre las comidas típicas campiñesas destacan:

Los Calandrajos

Se prepara una masa con harina, agua y sal la cual se extiende hasta conseguir delgadas obleas que luego partiremos. En la sartén se hace un sofrito de tomate, ajo, cebolla, pimiento verde, y un poco de picante, y añadimos carne de perdiz, conejo o liebre. Posteriormente cubriremos de agua la sartén y la dejaremos hervir hasta que la carne se ponga tierna. Después se añaden las obleas y se deja hervir hasta que éstas se cuezan, añadiéndose como toque especial un poquito de hierbabuena. Se sirven en la misma sartén.

Las Migas

Fue un plato muy utilizado durante el invierno en los cortijos para aprovechar el pan duro. El pan se humedece y en una sartén se fríen dientes de ajo a los que se añade el pan hasta que se tueste y se desmorone. Las migas suelen servirse acompañadas de pimientos fritos, sardinas, torreznos, uvas y melón. Al igual que de pan también pueden hacerse de harina.

El Ajo de Harina

En una sartén con aceite caliente se tuestan unos pimientos rojos secos. Una vez tostados, se apartan y se machacan en un mortero, junto con cominos y sal, y se hace un sofrito con tomate, cebolla, patata y berenjenas. Cuando todo esto está listo, se añade agua y se deja hervir, espolvoreándole al final harina para espesar el caldo. Se sirve en la misma sartén.

La Gachamiga

El aspecto de este plato es similar al de la tortilla española. Se cortan patatas en rodajas y se fríen en gran cantidad de aceite, pero un poco antes de estar fritas totalmente se echa sobre ellas una pasta elaborada con harina, agua y un poco de sal hasta que se cuaje. Suele comerse acompañada de carne, chorizos, morcilla, etc.

El Ajo de Morcilla

Se comienza cociendo arroz y cebolla cortada muy fina. En una caldera se pone la cebolla, el arroz y se añade sangre y manteca de cerdo. Todo se pone a fuego lento, se añaden los aliños y se deja cocer. Una vez cocido, el plato está listo para servir.

El Picadillo y la Morcilla Blanca

Ambos son elaborados con carne picada de cerdo y es muy tradicional hacerlo en las matanzas caseras. El picadillo es condimentado con pimientos secos rojos, mientras que la morcilla blanca es condimentada con huevos y almendras cocidas.

El Ajillo de Papas

Se comienza haciendo un puré de patatas con ajo y se le añade un sofrito que lleva tomate, cebolla, pimiento, pimienta y comino. Se rehoga todo junto en la sartén y puede servirse tanto en caliente como en frío.

La Ensalada

Es muy típica, especialmente en verano con el calor. Las verduras y hortalizas proceden de las fértiles huertas de Mogón al lado del Guadalquivir, que proporcionan los ingredientes necesarios para su elaboración. Destacan la ensalada “gitana” y la ensalada de pimientos rojos asados.

Los Papajotes

Los ingredientes utilizados para este postre son harina, huevos, leche y sal. Se hace con ellos una “gacheta” que se va echando a cucharadas en una sartén con abundante aceite de oliva. Cuando adquieren la forma de cojín se sacan de la sartén y se espolvorean con canela y azúcar.

Las Gachas Dulces

Son elaboradas con harina tostada, pan, leche, canela, azúcar, aceite de oliva y matalahúva o anís. Primero se fríen trocitos de pan y se retiran de la sartén. En ese mismo aceite se añade el resto de ingredientes y se hace una pasta. Cuando la pasta está espesa se colocan encima los trozos de pan frito (picatostes) y se espolvorea azúcar y canela. Son típicas en la festividad de Los Santos.

El Hornazo

Está elaborado con un pan hecho de aceite y un huevo cocido en el centro. Es muy típico en Semana Santa.

Los Sobaos

Se trata de un rosco grande cocido al horno, con azúcar. También típico en Semana Santa.

Los Borrachuelos

En una sartén ponemos a calentar tres cucharadas de aceite. En un cazo calentamos medio vaso de vino blanco. En un bol ponemos la harina y sobre ella vertemos el aceite caliente y el vino hirviendo, añadimos un chorreón de anís y removemos hasta obtener una pasta homogénea. Esa masa la volcamos en una mesa y con harina se amasa haciendo una bola, dejándola reposar una hora. Tras ese tiempo se estira la masa con un rodillo y se corta en rectángulos de 13 por 8 centímetros. Se enrollan en diagonal y se fríen en aceite muy caliente. Al final se les espolvorea azúcar.

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